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El cambio genera cambio

30 Ago

Las familias se enfrentan a situaciones difíciles a la hora de educar a sus hijos. Muchas veces los padres y las madres se hacen la pregunta ¿lo estoy haciendo bien? ¿Soy buen padre o buena madre? Nadie nace con un libro de instrucciones acerca de cómo educar a los hijos y esto hace que se generen sentimientos de frustración, incertidumbre e inseguridad a la hora de afrontar situaciones de comunicación, clima familiar y gestión de conflictos.

Generalmente las personas tendemos a poner la responsabilidad de lo que nos acontece en los demás. Si llegamos tarde al trabajo decimos que el autobús se retrasó, si me aburro es porque mi pareja nunca quiere hacer nada, si la comunicación en la familia no es habitual es porque mi hijo nunca me quiere contar nada, y así podríamos llenar páginas en blanco con situaciones de las que nosotros no nos sentimos responsables.

Un cambio en cada uno de nosotros, en nuestra manera de pensar, mirar, hablar y entender el mundo y relacionarnos inevitablemente produce un cambio a nuestro alrededor. Como dijo Marcel Proust: “Nada ha cambiado, pero, como yo he cambiado, todo ha cambiado”.

Muchas veces se dice “lo he probado todo”. Si actuamos desde el mismo pensamiento y con la misma actitud es como si no hubiéramos cambiado nada. ¿Ha probado a actuar diferente desde otro pensamiento  y actitud? Si es así, ¿qué más podría hacer?

¿Cuántas veces reconoce a su hijo en lo que es bueno, lo que hace bien y de lo que se siente orgulloso? ¿No es verdad que existe una tendencia a focalizar en lo negativo y en lo que nos molesta del otro? ¿A usted le apetece hablar con alguien que no le dice lo que valora en usted y habitualmente cuando se dirige a usted es para recriminarle o recordarle lo que tiene que hacer?

Guadalupe Juárez

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“Educar para saber qué quiero y descubrir cómo lograrlo”

25 Ago

¿Cuántas veces nos preguntamos cuáles son nuestras metas? ¿Cómo pretendemos conseguirlas si desconocemos cuáles son? ¿Para qué me levanto por las mañanas? ¿Cuáles son mis sueños? Y si creo tener claro cuál es mi meta, ¿qué he hecho hasta ahora para conseguirlo?

En general, queremos que la sociedad nos de las respuestas exactas a nuestra situación y sin embargo la mayoría de nosotros en raras ocasiones nos hemos hecho a nosotros mismos las preguntas adecuadas. Es más, ni siquiera nos paramos a preguntarnos si la vida que llevo la he elegido yo y se corresponde con mis valores. Es curioso como de niños respondemos muy rápidamente y seguros a las preguntas ¿qué es lo que más te gusta hacer? ¿en qué eres bueno o buena? ¿con qué sueñas ser de mayor? Sin embargo, a medida que vamos creciendo, por alguna extraña razón no sólo no nos hacemos estas preguntas, sino que ni siquiera nos las plantean desde fuera. ¿acaso la vida se termina una vez dejamos la niñez? ¿a qué tenemos más miedo a ponernos metas o a no saber cómo conseguirlas? ¿cómo pretendemos saber cómo conseguir algo si ni siquiera sabemos qué metas queremos alcanzar?

 “-¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar- dijo el Gato.

-No me importa mucho el sitio…-dijo Alicia.

-Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes-dijo el Gato.”

LEWIS CARROLL,

Alicia en el país de las maravillas.

Como educadores es importante reflexionar sobre ¿cómo podemos pretender que nuestros hijos/as y alumnos/as consigan metas sin una educación basada en el fomento de la pregunta sobre qué es lo que quiero, qué es lo que me motiva?  Por un lado, la esencia de la educación consiste en ayudar a sacar lo mejor de las personas, su mayor potencial, y únicamente se consigue si partimos de lo que la persona realmente quiere. Si como padres, madres y educadores fomentamos la pregunta y la autoreflexión ayudamos no sólo a que los niños de hoy aprendan a descubrir qué es lo que quieren y cuáles son sus metas, sino que además, habremos sembrado la semilla para obtener un futuro con personas que con independencia de la edad que tengan han aprendido a reflexionar y descubrir sus metas a lo largo de toda su vida.

Si únicamente podemos plantearnos cómo alcanzar una meta una vez qué sabemos que es lo que queremos, la educación no debe quedarse sólo en el fomento de la pregunta sobre el qué, sino que debe dar un paso  más allá y continuar favoreciendo la reflexión hacia cómo alcanzar los objetivos que nos marcamos. Preguntas tales como ¿qué he hecho hasta ahora para conseguir mi objetivo? ¿qué otras cosas podría hacer? ¿qué capacidades que ya poseo me pueden ayudar a conseguirlo? ¿qué capacidades y habilidades puedo desarrollar para conseguirlo? ¿qué han hecho otras personas para lograrlo? ¿con qué apoyos de mi entorno cuento?,  y sobre todo ¿qué haría si supiera que puedo alcanzar mi meta?

Guadalupe Juárez

 

 

¿Coaching?

22 Ago

Destaco la esencia y principios del coaching como proceso para sacar lo mejor que llevamos dentro: la conciencia de lo que somos, lo que hacemos y hacia donde nos dirigimos; la autocreencia, conocer los automensajes que nos limitan y aquello que nos hace crecer más; y la responsabilidad de nuestras decisiones y acciones. La esencia del coaching como el proceso que me ayuda a deshacerme de lo que me limita y me desagrada para así perseguir aquello que realmente quiero ser y tener la libertad para hacer.

Guadalupe Juárez

Educar el ser

22 Ago

“El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás.” Herbert Spencer

Cuando pensamos en educación por alguna extraña razón nos viene a la cabeza conocimientos, teorías, universidad, etc., sin embargo en raras ocasiones pensamos en la esencia de cada ser humano, en lo que siente, en cómo percibe la realidad que le rodea y cómo responde a ella. La sociedad de hoy entiende la educación como una manera de acumular conocimientos y saber responder a la realidad que está establecida por otros, pero que ocurre con lo que somos realmente cada uno de nosotros. Desde que nacemos nos invaden con creencias, con tener que, con saber hacer, en definitiva nos vemos arrastrados por lo que los demás quieren de nosotros. Entonces, ¿Qué ocurre con lo que queremos cada uno de nosotros? Es inquietante ver como la riqueza que tiene cada ser humano se ve mermada por condicionantes sociales y cómo padres, madres, profesores y educadores se centran en lo que la sociedad espera de los hijos y alumnos y no tanto pararse a escuchar qué les motiva a los jóvenes, cuáles son sus sueños, cómo se sienten y sobre todo hacerles saber que alguien cree en ellos.

Educar es creer en las personas, en el potencial que tienen dentro y acompañar en ese proceso de descubrimiento y crecimiento personal donde uno sea consciente de sus metas, sus capacidades, las diferentes vías para conseguirlo y la motivación para pasar a la acción. Únicamente a través de la acción las personas avanzamos en el logro de nuestros objetivos y lo que es más importante nuestra confianza y seguridad entre nosotros mismos.

¿Qué sentido tiene nuestra vida si no creemos en nosotros mismos? ¿y si la educación fuera entendida como un proceso en el que la educación del SER NOSOTROS MISMOS tuviera un peso importante? ¿Qué cambios se producirían en la sociedad si la educación se centrara en acompañar a las personas a desarrollar su máximo potencial?

Guadalupe Juárez