LA FÁBULA DE LA OSTRA Y EL PEZ

22 ago

Hace poco llegó a mis manos esta fábula y os invito a leerla, disfrutarla y reflexionar sobre ella…

La Fábula de la Ostra y el Péz

Erase una vez una ostra y un pez. La ostra habitaba las aguas tranquilas de un fondo marino y era tal la belleza, colorido y armonía del movimiento de sus valvas que llamaban la atención de cuantos animales por allí pasaban.

Un día acercó a pasar por el lugar un pez que quedó prendado al instante. Se sintió sumamente atraído por la ostra y deseó conocerla con todo su ser. Sintió un fuerte impulso de entrar en los más recónditos lugares de aquél animal misterioso. Y así, partió veloz y bruscamente hacia el corazón de la ostra, pero ésta cerró, también bruscamente, sus valvas. El pez, por más y más intentos que hacía para abrirlas con sus aletas y con su boca, aquellas más y más fuertemente se cerraban, pensó entonces en alejarse, esperar a cuando la ostra estuviera abierta, y en un descuido de ésta, entrar veloz sin darle tiempo a que cerrar sus valvas. Así lo hizo, pero de nuevo la ostra se cerró con brusquedad. La ostra era un animal extremadamente sensible y percibía cuantos mínimos cambios en el agua ocurrían, y así, cuando el pez iniciaba el movimiento de acercarse, ésta se percataba de ello y al instante cerraba sus valvas.

El pez triste, se preguntaba ¿por qué la ostra le temía?, ¿cómo podría decirle que lo que deseaba era conocerla y no causarle daño alguno?, ¿cómo decirle que lo único que deseaba era contemplar aquella belleza y compartir las sensaciones que le causaban?

El pez se quedó pensativo, y estuvo durante mucho rato preguntándose qué podría hacer. ¡De pronto!, se le ocurrió una gran idea. Pediré ayuda, se dijo. Sabía que existían por aquellas profundidades otros peces muy conocidos por su habilidad para abrir ostras, y hacia ellos pensó en dirigirse. Sabía que eran peces muy ocupados y no deseaba importunarles. Deseaba que le escucharan y que le prestaran su ayuda.

Aunque pensó – seguro que estarán tan ocupados que no podrán ayudarme. ¿Qué puedo hacer?, se preguntó.

Tras pensar algún rato llego a la conclusión que lo mejor era informarse por otros peces que les conocían cuál era el mejor momento para abordarle, cómo tendría que presentarse. Después de informarse muy bien, eligió el momento más oportuno y hacia ellos se dirigió.

- Hola, dijo el pez. ¡Necesito vuestra ayuda! Siento grandes deseos de conocer una ostra gigante pero no puedo hacerlo porque cuando me acerco cierra sus valvas. Sé que vosotros sois muy hábiles en abrir ostras y por eso vengo a pediros ayuda.

El pez continuó explicándoles las dificultades que tenía y los intentos por resolverlas.

Llegó a decirles la sensación de impotencia, que le entraba y los deseos de abandonar tras tantos intentos fallidos.

Los peces le escucharon con sumo atención, la hicieron notar que entendían su desánimo pues ellos se habían encontrado en circunstancias similares. Le felicitaron por el interés que mostraba en aprender y por la inteligencia que demostraba tener al pedir ayuda y querer aprender de otros.

El pez se sintió mucho más tranquilo y esperanzado, les contó los temores que tenía al pedirles ayuda y fue “abriéndose” cada vez más a toda la información que aquellos avezados peces le contaban. Escuchó con atención como a pesar de sus habilidades había algunas ostras que les resultaban difíciles de abrir, pero ello más que ser un motivo de desánimo, esa dificultad les estimulaba a seguir investigando y reunirse para intercambiar conocimiento y mejorar sus prácticas de abrir ostras.

Los peces continuaron en animada conversación.

- Mira, algo muy importante que has de lograr es suscitar en la ostra el deseo y las ganas de comunicarse contigo.

- ¿Y cómo podré lograrlo?

- De la misma manera que tu has logrado comunicarte con nosotros y “abrir nuestras valvas” de pez.

- ¿Cómo?

- Tú deseabas que nosotros te escucháramos y te prestáramos ayuda. Nos has dicho que dudabas de si podrías lograrlo, ¿no es verdad?

- Si, así es.

- Podrías haberte quedado con la duda, pero en lugar de eso, diseñaste un plan de acción. Buscaste información acerca de nosotros, te informaste de cuál era el mejor momento de abordarnos y qué decirnos. Tú sabías que nosotros éramos muy sensibles a la expresión honesta y sincera de “necesito vuestra ayuda”. También sabías que nos agrada, como a todo hijo de pez, el reconocimiento de nuestra competencia y veteranía en abrir ostras. Te confesamos que todo ello nos agradó mucho. También nos gustó tu mirada franca y serena, además de tus firmes y honestas palabras.

- Si, en efecto eso es lo que hice. Ahora que lo decía mis valvas de pez se sintieron también abiertas al notar que me escuchabais con atención. Me agrado mucho el que os hicierais cargo de mi impotencia, y por qué no decirlo, me agrado también el que me felicitarais por pediros ayuda.

- Claro, todo eso suele ser reciproco, contestaron los peces.

- Muy bien, pero ¿cómo podré hacerlo con la ostra? No conozco su lenguaje, sus costumbres, sus miedos, no conozco tampoco que es lo que le agrada.

- Bien, también has diseñado un plan de acción para abrir la ostra. El primer paso ha sido el de visitarnos para que te informemos de sus costumbres, de sus miedos, de todo aquello que le agrada.

Te podemos decir todo aquello que suele suscitar temor en las ostras. Les asusta el movimiento brusco de las aguas, de hecho habrás observado que cuando hay tempestades y hay mucho oleaje las ostras están fuertemente cerradas. Es por eso que si te acercas a ellas cuando hay muchas turbulencias tendrás grandes dificultades para lograr que se abran.

Les asusta el que algún animal se acerque de modo imprevisto. Les agrada en cambio los movimientos suaves, los besos y las caricias y el que se entre en sus interioridades sin antes conocerse durante algún tiempo. También les agrada mucho el que se les hable en su lenguaje. Habrás observado que lanzan a través de sus valvas pequeñas pompas de aire. Si las observas con suma atención podrás aprender los códigos que utilizan y sus significados. Cuando están tristes, asustadas, tiernas o alegres.

De este modo, los peces continuaron asesorándole. Le invitaron a pasar largos ratos observando el comportamiento de la ostra. Le invitaron también a asistir a algunos de los cursillos que organizaban y le regalaron un manual. “El manual de abridor de ostras”.

Tras varias semanas de observación, aprendizaje y entrenamiento, el pez pudo por fin disfrutar con aquella bellísima ostra. Pudo ¡al fin!, lograr entrar en las interioridades de las ostras y compartir las sensaciones que le causaba. Pudo, al fin, comunicarse.

Reflexión

Para empezar, esta fábula concentra dos aspectos  fundamentales para el bienestar de una persona. En primer lugar, esta fábula muestra de manera extraordinaria la importancia de persistir en lo que uno quiere y cómo la motivación personal es el motor que nos impulsa a seguir en la dirección de nuestras metas y objetivos, y a la hora de plantearnos nuevos retos en la vida.

Por otro lado, el texto es un ejemplo de aprendizaje en la comunicación interpersonal, de cómo nos relacionamos en nuestra vida y la manera en la que muchas veces en situaciones de dificultad en las relaciones con los demás no nos damos cuenta que tenemos las habilidades para ello, y que simplemente no nos hemos parado a observar detenidamente lo que necesitamos y en ver si disponemos de los recursos necesarios para ello.

Además destaco cómo plantea el hecho de que para comunicarnos con los demás es esencial partir de querer comunicarse, poner de nuestra parte. En mi experiencia en las relaciones educativas, en algunas ocasiones me he encontrado en situaciones en las que he tenido dificultad para conectar con la otra persona y mi discurso era que en la otra persona no había intención de cambio y comunicación. Ahora me planteo, ¿hasta qué punto yo quería comunicarme con esa persona?  Muchas veces en la relación educativa, hacemos juicios precipitados y damos por hecho que la otra persona no tiene ninguna intención de cambio y mejora, sin plantearnos  la parte de responsabilidad que existe en nosotros. ¿Hemos deseado conocer que quiere la otra persona realmente y acercarnos a ella para conocerla e interesarnos por cómo ve el mundo o simplemente hemos dado por hecho que esa persona no estaba “abierta” al cambio?

Observar y calibrar a la otra persona es importante para empatizar con ella, entender cómo ve el mundo y para poder conectar y comunicarnos con ella. Es esencial, tener información de la persona, sus intereses, su manera de entenderse a sí mismo y el mundo que le rodea, para buscar la manera más adecuada de entablar relación con ella, buscar el momento idóneo, qué decir y la forma de decirlo.

Por lo tanto, ¿cuáles serían los principales “cierra-ostras” en la comunicación?

-      Impulsividad y brusquedad intimidando a la otra persona.

-      Falta de confianza

-      Juzgar a la otra persona

-      No empatizar con ella, no entender cómo ve, cómo percibe y siente.

-      No reflexionar sobre lo que uno quiere hacer, lo que quiere decir y cómo decirlo.

-      No ser sincero y auténtico.

-      Ignorar las señales del otro.

-      No escuchar

-      No observar y sintonizar con la otra persona (no usar el mismo lenguaje verbal y no verbal).

-      No tener en cuenta el lugar y momento adecuado.

Y por otro lado, ¿cuáles serían las principales “llaves” para abrir la comunicación, o siguiendo la fábula, los “abre-ostras”?

-      Ser sincero y auténtico.

-      Pedir ayuda cuando sea necesario.

-      Suscitar el deseo de que quieran comunicarse con uno.

-      Diseñar un plan de acción en el que se tenga en cuenta el momento y lugar adecuado con las circunstancias adecuadas; saber qué decir teniendo en cuenta a la otra persona, su lenguaje y su manera de percibir el mundo.

-      Observar con atención cómo se comporta la otra persona para entenderla y ponerse en su lugar.

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Una respuesta to “LA FÁBULA DE LA OSTRA Y EL PEZ”

  1. Mila diciembre 2, 2011 at 6:53 pm #

    Me ha encantado!! Me guardo la fábula porque me ha servido de mucho para un tema en el que estoy trabajando. Gracias!

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